Caso práctico — Restaurante · Múnich, DE

La cocina que no pierde ni una comanda

Trattoria Vesuvio tiene sesenta plazas entre la sala y la terraza. Doce personas en plantilla, cuarenta y cinco platos, dos proveedores cada mañana — y una terraza con zonas muertas de wifi.

🍽 Mesas y cuentas 🍳 Pantalla de cocina 🧾 19 % en sala / 7 % para llevar
Un día en la vida de Marco Bellini, chef y propietario — tal y como la aplicación lo vivió

La pasta de Marco Bellini no es lo difícil. Lo difícil es la contabilidad que hay detrás: cuarenta y cinco platos, cada uno una receta que consume en silencio harina, tomate y mozzarella; una barra que vende la misma pizza al 7 % para llevar y al 19 % en mesa; y una terraza donde el wifi se muere justo donde están los camareros.

Golden Inventory entró como modo restaurante: la aplicación se reorganizó en mesas, cocina y mermas — sin jerga de catálogo, sin órdenes de fabricación. Ahora el vocabulario es Carta e ingredientes. La pantalla del encargado empieza por la sala: doce mesas en la Sala, seis en la Terrazza.

The table board — Sala and Terrazza, each table ready to open a tab
La sala, tal y como la ve el encargado: cada mesa a un toque de su cuenta.

La entrega de la mañana

Cuarenta kilos de harina, veinte de tomate, lácteos, huevos, guanciale. Un documento de recepción, y las unidades hacen lo que hacen las cocinas de verdad: comprar por kilo, usar por gramo. La entrada llega al stock ya convertida, y los perecederos llevan sus lotes con fecha de caducidad, de modo que la cámara tiene memoria.

11:30 — la barra y la terraza

A mediodía la barra vende dos margaritas para llevar —IVA del 7 %— mientras la mesa cuatro pide carbonara, vino y tiramisú al 19 %. La caja mantiene los dos tipos separados sin pensarlo, y el informe Z también. Cada venta lanza el plato a la pantalla de cocina y descuenta la receta: la harina, los huevos y el guanciale salen del stock en el instante en que el plato sale del pase.

The POS ticket — carbonara and wine with 19% VAT, ready to charge
El ticket de sala: 19 % en el plato, 7 % en la barra para llevar, nunca mezclados.
«El coste de la comida era una estimación una vez al mes. Ahora es un número que se mueve con cada plato — y la terraza sigue funcionando donde el wifi no llega».

14:00 — dividir la cuenta sin parar la cola

La mesa seis quiere dividir la cuenta por comensal: dos tarjetas, uno en efectivo. La cuenta se divide por asiento, cada cobro aterriza con su referencia de terminal y la mesa se libera sola en cuanto se paga la última parte. En la terraza, donde la zona muerta se come la señal, el móvil del camarero encola cuentas y comandas sin conexión y las sincroniza en cuanto vuelve a tener cobertura: ni una comanda perdida, ni una cuenta duplicada.

15:30 — qué se quemó y cuánto costó

Kilo y medio de passata de tomate se oscurece en la sartén. Marco lo registra como merma —un documento, no un encogimiento de hombros— para que el informe de coste de la noche sepa que la salsa murió de verdad. A las 17:00, la lista de caducidades y el cuadrante de ingeniería de menú le dicen qué empujar y qué gastar.

45platos, cada uno una receta descontada
19% / 7%sala y para llevar, separados
kg → gcomprar por kilo, usar por gramo
0comandas perdidas en la terraza sin señal

23:00 — el día, cerrado por método de pago

El informe Z cierra el día por método de pago —efectivo, tarjeta con referencias de terminal, banco— y la pantalla de reposición convierte los niveles de mañana en un pedido en borrador por proveedor. La pregunta de la noche no es «¿qué hemos vendido?», sino «¿cuánto nos costó venderlo?» — y la respuesta ya está en pantalla.

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